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Jorge Carroll
Guatemala
Las hormigas
¡Pobre Manet!, qué lucha libró contra las hormigas que querían metérsele en el culo a su amiga que lo había depositado al lado de una canasta de sánguches y frutas. No le alcanzó un lienzo de poco más de dos metros (exactamente Watson: 2,08) por dos metros sesenta y cuatro, para ahuyentar las hormigas que como miradas le recorrían ese cuerpo desnudo. Ni siquiera en el Musée d’Orsay, las hormigas dejaron de joder. Tampoco sirvieron de mucho los esfuerzos de Picasso: las putas hormigas siguieron a ese culo por apuntes, cuadros y esculturas, desde 1863 hasta 1961.
El pintor como el poeta debe beber el mundo, no vivirlo ni usarlo como tema. Las hormigas están allí, siempre, para recordárselo.
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